La cuestión racial ha suscitado en el hombre y en las sociedades, cuestionamientos que no siempre han llegado a acuerdos. Luego de la caída del Nacional Socialismo en Alemania, el tema racial pasó a tener un aspecto 'políticamente incorrecto' y lleno de tabúes que eran imposibles de soslayar. No faltarán aquellos que relacionarán la idea de raza con conceptos meramente modernos (Wieviorka, 1992), sin siquiera estribar en que el racismo y la idea del mantenimiento de la sangre data de muchos siglos antes de nuestra época, posiblemente relacionado incluso al nacimiento del hombre o más bien del homídio. Estos homínidos ya desde tempranas épocas pleistocénicas lucharon por el mantenimiento de su especie. Australopitecus (afarensis, robustus y africanus) lucharon contra los Homo (habilis, erectus y sapiens) por la supervivencia racial, como bien sabemos el triunfo de los segundos es lo que nos permitió a nosotros ser el género humano.
Más allá de estas cuestiones "prehistóricas", me atrevo a decir que en las grandes civilizaciones antiguas (Egipto, Persia, China, Grecia, Roma, etétera), la raza tiene un fuerte valor identitario.
A pesar de lo anterior, el asunto sobre las razas ha vuelto a ser estudiado, al menos se debate sobre el tema. Ahora podríamos decir que está en la coyuntura de todo país que se enfoca hacia un efectivo desarrollo social. Gracias (¿o desgraciadamente?) a la gran presencia multirracial y multicultural en países de mayoría "blanca" es que este tema ha vuelto a la palestra.
Las razas existen, por más que demócratas, liberales, comunistas u otros lo traten de ocultar. El racismo es algo innato en la mayoría de las personas. Por muy demócratas o liberales que sean, este sentimiento sigue muy presente, al menos en el inconsciente colectivo de millones de personas. Frente a esto, nos acude la interrogante: ¿el racismo es un llamado del alma o del espíritu, para mantener la composición de un pueblo y su sangre? Esto será respondido al finalizar el presente ensayo.
En nuestro país, a diferencia de otros, la discusión sobre la raza nunca ha generado el interés que debiese tener; siempre hemos recibido el discurso populista y conciliador de que en Chile somos todos mestizos y que, esta "mescolanza" es en buena medida la que ha llevado a nuestro país al actual estado de desarrollo… ¿mentira o verdad?, no me corresponde decirlo.
La historia de Chile ha sido hecha en gran medida por el hombre blanco, en menor medida por el castizo y no por el mestizo. En la Conquista y la Colonia, el dominio absoluto pertenecerá al hombre blanco, si bien fue hecho por la fuerza y usurpación de bienes y tierras indígenas, es lo común que se ha producido durante toda la historia de la humanidad: pueblos vencedores y pueblos vencidos; la dignidad del vencido radica en sobreponerse y vislumbrar la cúspide de la superación del hombre por el hombre.
Luego de la Independencia, los mestizos comenzaron a tener más presencia en las decisiones políticas, pero continuará siendo ínfima hasta el día de hoy. Ahora bien, antes de continuar debo hacer definiciones básicas sobre las razas a las que me refiero, las cuales se consideran la base racial del pueblo chileno:
• Raza blanca: presente a lo largo de todo el territorio nacional; hablamos del blanco proveniente de Europa, independiente de su fenotipo. El elemento blanco mayoritario de nuestro país es el blanco-mediterráneo, el cual tiende a confundirse con el castizo. • Castizo: denominación creada en el periodo de la colonia. Se utilizaba para definir a aquellos hombres o mujeres que tuviesen un abuelo indígena y 3 abuelos blancos, por tanto, ¼ de "sangre" indígena en sus venas. • Mestizo: término que hace alusión al hombre que es el resultado de la mezcla directa entre dos personas de diversa raza, en el caso chileno, el blanco con el indígena.
Hecha la anterior definición, procedo a continuar.
Nuestro país se conformó y fue el resultado de una mezcla entre el aborigen (femenino) y el inmigrante europeo (masculino), debido principalmente a la ausencia de mujeres blancas en las expediciones de conquista española. Esto se diferencia con las empresas de conquista por parte de los ingleses en Norteamérica que a medida que conquistaban consolidaban colonias con familias blancas.
Los primeros chilenos mestizos no fueron el resultado de una mezcla cualquiera, todo lo contrario, en sus venas corría la sangre de fieros guerreros (Palacios, 1904). Debido a que nuestro pais no contaba con ricos yacimiento mineros, el hombre español que se asentaba en nuestras tierras no era un literato, ni un industrial, ni un comerciante, etc., era un hombre aventurero, guerrero, descendiente de los mismísimos visigodos, antiguos habitantes de la península ibérica. Acá se mezcló con la mujer mapuche, fiera, indomable y hacendosa (recordemos que el hombre mapuche se dedicaba a la guerra, la caza y al ocios) en las labores del hogar, de recolección y de la crianza de los hijos.
De esta mezcla surgen los nuevos habitantes de nuestro territorio, los cuales irán sufriendo evoluciones con el paso de los tiempos; las muertes de miles de indígenas a causa de las enfermedades traídas por los españoles y la posterior llegada de nuevas olas migratorias provenientes del Viejo Mundo europeo, irán cambiando la fisonomía del chileno promedio. Del mestizo/castizo se evolucionó a un hombre de rasgos más pertenecientes a la raza blanca mediterránea que a la indígena. Aún así, y pese a lo anterior, en nuestro país no es posible hablar de una raza definida ni una identidad racial; las diferencias entre el indígena chileno y el blanco chileno son abismales, y hasta que no se conforme una raza chilena prototipo, jamás podremos hablar de una raza propia. De esta forma se rompe con las teorías de Nicolás Palacios, al decir que estos dos representantes de razas tan diversas, tienen características morales comunes. Quizás habrás olvidado leer a Nietzsche y analizar el proceso de la moral (Nietzsche, 2005), ya que esta no pertenece a la raza, sino a prototipos sociales impuestos por alguna institución de poder, ya sea un estado o una religión (moral cristiana, por ejemplo).
Ahora bien, concentrémonos en el periodo histórico actual. Nuestro país inmerso en el Mundo Occidental, con cultura occidental, educación occidental, etc. Partiendo de la premisa de que las razas sí existen: ¿qué ciclo racial debería continuar Chile?*
Estudio la historia de mi patria, estudio a quienes la construyeron; pienso en José Miguel Carrera, Bernardo O'Higgins, Diego Portales, José Joaquín Prieto, Jorge Alessandri, Carlos Ibáñez del Campo, etc. Observo el mundo y veo qué países son los que tienen una mejor calificación de desarrollo humano, miro hacia Latinoamérica y veo quiénes llevan la delantera en IDH**, y me doy cuenta de que son Chile, Argentina y Uruguay, los tres con una población blanca importante e influyente.
Sin desmerecer a las demás razas, vivimos en un país totalmente "occidentalizado", hecho por y para personas de una determinada raza (la blanca). No se pretenda imponer leyes y reformas hechas en Europa a nuestro país, pues probablemente en la mayoría de los casos, fracasarán. Hasta que no hagamos nuestra propia estructuración social-político-económica, como país autónomo e independiente, la raza blanca seguirá siendo porta estandarte de la cultura, en desmedro de otras razas igual de valorables.
Todas las razas merecen su lugar en la tierra, merecen imponer su propia organización y escala de valores, en resumen, merecen existir. Nadie es Dios (dioses) para elegir y determinar qué raza es superior o cuál es el pueblo elegido, el que lo haga caerá en una rotunda y explícita discriminación.
Frente a todo lo anterior que he expuesto en este ensayo asaltarán dudas, repudio, cuestionamientos, etc., debido a la sensibilidad que este tipo de temas suscita en el sujeto receptor. No ha sido mi intención llenar de ignominia una determinada raza, sino todo lo contrario, establecer el principio de que cada pueblo tiene derecho a existir en algún lugar del planeta, y el nuestro, el chileno, tiene entre cordillera y mar, entre línea de la concordia y las islas del extremo sur, su patria. Y en estas tierras espero que, algún día, podamos hablar de una identidad racial chilena.
Por último, quiero dar respuesta a la interrogante que me planteé en el desarrollo de mi ensayo, y a la cual me comprometí a responder.
Para mí, la expresión "racismo" no puede ser empleada en la época contemporánea, o de las comunicaciones como algunos la han definido; es un término añejo, caduco, despectivo, se basa en el odio y no en el amor. Yo me identifico con un término más correcto para la comunión de las gentes, un término basado en los sentimientos nobles y corteses que podemos tener los hombre y mujeres; para mi, la palabra que mejor sintetiza mi sentir como "creyente en las razas", es el de Racialismo, en simples palabras, el racialismo es el amor hacia la propia raza y no el odio contra las demás.
El racialismo, si es algo que nace luego de un llamado de la conciencia, del alma y del espíritu, es entender o más bien, buscar un sentido de unidad hacia algo: la raza, y esto no es sinónimo de debilidad, sino por el contrario, de fortaleza; es aceptar el amor y respeto hacia los antepasados, la historia y el valor sempiterno de la sangre. Todo hombre sobre esta tierra debería ser un amante de su historia, un devoto de la paz y un ardiente y feroz guerrero cuando la situación lo amerite. Debemos aceptar las fortalezas y debilidades de nuestra raza, y no buscar en el otro los defectos propios.
Por ello el chileno deberá esperar a que se establezca una entidad racial común a todos los habitantes de esta tierra llamada Chile (el tiempo dirá si esto sucede o no). Luego, es de esperar que las futuras generaciones sientan el llamado del alma y de nuestros espíritus, recordándoles el suelo en el que se encuentren y a la estirpe a la que pertenecen.
Hasta que esto no suceda, Chile no tendrá identidad racial.